viernes, 15 de mayo de 2015

El milagro de San Antonio


Divino Antonio precioso,

suplícale al Dios inmenso
que por tu gracia divina
alumbre mi entendimiento.



Para que mi lengua
refiera el milagro
que en el huerto obraste
de edad de ocho años.



Desde niño fue nacido
con mucho temor de Dios,
de sus padres estimado
y del mundo admiración.



Fue caritativo
y perseguidor
del mal enemigo
con mucho rigor.



Su padre era un caballero
cristiano, honrado y prudente
que mantenía su casa
con el sudor de su frente.



y tenía un huerto
en donde cogía
cosecha del fruto
que el tiempo traía.



Por la mañana, un domingo
como siempre acostumbraba,
se marchó su padre a misa
cosa que nunca olvidaba.



Y le dijo: Antonio,
ven aquí hijo amado,
escucha, que tengo
que darte un recado.
Mientras que estoy en la misa
gran cuidado has de tener,
mira que los pajarcitos
todo lo echan a perder.



Entran en el huerto,
pican el sembrado,
por eso te encargo
que tengas cuidado.



Cuando se ausentó su padre
y a la iglesia se marchó,
Antonio quedó al cuidado
y a los pájaros llamó:
venid pajarcitos,
dejad el sembrado,
que mi padre ha dicho
que tenga cuidado.



Para que mejor yo pueda
cumplir con mi obligación,
voy a encerraros a todos
en esta habitación.
A los pajarcitos
entrar les mandaba,
y ellos muy humildes
en el cuarto entraban.



Por aquellas cercanías
ni un pájaro quedó,
porque todos acudieron
como Antonio les mandó.
Lleno de alegría
San Antonio estaba,
y los pajarcitos
alegres cantaban.



Al ver venir a su padre
luego les mandó callar;
llegó su padre a la puerta
y comenzó a preguntar:
-Dime, hijo amado,
¿qué tal, Antoñito?,
¿has cuidado bien
de los pajarcitos?



Y el hijo le contestó:
Padre no tenga cuidado
que para que no hagan mal
todos los tengo encerrados.



El padre que vio
milagro tan grande
al señor Obispo
mandó avisarle.



Acudió el señor Obispo
con grande acompañamiento,
quedando todos confusos
al ver tan grande portento.



Abrieron las ventanas,
puertas a la par
por ver si las aves
 querían marchar.



Antonio les dijo a todos:
Señores, nadie se agravie,
los pájaros no se marchan
hasta que yo no lo mande.



Se puso en la puerta
y les dijo así:
Vaya, pajarcitos,
ya podéis salir.



Salgan cigüeñas con orden,
águilas, grullas y garzas,
gavilanes, avutardas,
lechuzas, mochuelos, grajas.



Salgan las urracas,
tórtolas, perdices,
palomas, gorriones
y las codornices.



Salga el cuco y el milano,
burlapastor y andarrios
canarios y ruiseñores
tordo, alcaudón y mirlo.



Salgan verderones
y las cardelinas
y las cogujadas
y las golondrinas.



Al instante que salieron
todas juntitas se ponen
escuchando a San Antonio
para ver lo que dispone.



Antonio las dijo:
no entréis en sembrados,
marchaos por montes,
por riscos y prados.



Al tiempo de alzar el vuelo
cantan con gran alegría,
despidiéndose de Antonio
y toda su compañía.



El señor Obispo
al ver tal milagro,
por todas las partes
mandó publicarlo.



Arbol de grandiosidades,
 fuente de toda verdad,
depósito de bondades,
padre de mucha piedad.



Antonio divino,
por tu intercesión
todos alcancemos
la eterna mansión.




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